Temas de 2° y 3° año para escuelas Normales.

viernes, 21 de mayo de 2021

La Norma - Juan Solá

 

La Norma

En la esquina de mi casa se juntaron los negros a pasarse una birra y hablar a los gritos. La luz pobre del alumbrado público muere en las viseras de sus gorras y entonces la sombra cae como un velo sobre sus ojos de pupilas dilatadas. Escuchá cómo gritan los negros, deben estar drogados. El porro les empasta la saliva y les seca la garganta, y ahí nomás se cruzan a lo de la Norma a comprar más cerveza. La Norma vende la cerveza más cara del barrio pero atiende hasta tarde porque es pilla. Ella sabe cuánta sed les da el porro. Demasiadas noches pasó la Norma espiando a los negros desde atrás de las rejas del kiosco.
Otra cosa que tiene caro la Norma es el helado. Revende una marca de Capital que al Claudio le gusta, entonces me mandó a que le compre medio kilo.
El portón chirrió cuando lo abrí y ahí dos de los negros se dieron vuelta y me miraron. Me puse el celular en la teta y cerré la campera. Uno dijo algo que no entendí pero por las dudas murmuré negros de mierda y sentí como la R en mierda me acariciaba el paladar.
Aplaudí dos veces hasta que escuché que la Norma se levantaba de la silleta de lona. De fondo sonaba la voz fingida de algún doblajista de novela brasilera. La luz de la pieza de al lado atravesaba un poco la sábana finita que habían puesto de cortina y a contraluz vi la silueta de la Norma, que es grandota, medio machorra.
-¿Que buscás?, me dijo.
-¿Helado te queda?
-¿El importado o el otro?
Me reí con la ocurrencia y respondí que el importado.
Mientras la Norma sacaba el balde del congelador aproveché para fichar a los negros, a ver si todavía justo se cruzaban a comprar cerveza.
-Estos están re dados vuelta, eh.
-¡Ah no!, dijo la Norma, y se rió.
-Como se ve que mañana no labura ninguno, comenté. El Claudio a las diez ya está mirando Tinelli en la cama. A las seis se levanta.
-Estarán de vacaciones-, aventuró la Norma.
-Vos sabés que estaba cruzando la calle y uno me dijo una grosería. Decí nomás que no entendí bien lo que dijo.
La Norma soltó el pote sobre una mesita de madera que tenía ahí y se vino para la ventana. Los miró fijo un rato largo y después me clavó los ojos a mí.
-¿Qué te dijeron?
-No entendí bien. No sé.
-No te dijeron nada, no mientas.
De golpe la Norma se puso seria y de verdad que parecía un hombre, hasta le bajé la mirada.
-¿Vos los conocés a esos pibes?, me patoteó.
-Mas vale, si están todos los días dándose enfrente de mi casa. Qué no los voy a conocer.
-Mirá, fijate ese que está allá, dijo la Norma y sacó el brazo entre las rejas. El que tiene la gorrita roja con las letras blancas. A ese le dicen Oreja. Hace seis meses uno que vive allá atrás del riacho le violó la hermana cuando iba para la escuela. Cuando el Oreja se enteró, todos los que vos ves ahí lo acompañaron a romperle la cabeza al tipo.
-Son peligrosos, comenté con un poco de miedo.
-Mirá aquel otro, el de remera anaranjada. Ese es el Luis, el hijo de la Chili. El Luis escribe las canciones.
-¿Qué canciones?
-Las canciones que cantan. Los pibes estos tienen una bandita de hip hop y a veces cantan a beneficio de la salita. Organizan eventos para juntar cosas. Cuando a la hermana del Oreja la violaron, el Luis escribió una canción que habla sobre por qué violar está mal. No quería que eso pase nunca más en el barrio. Ahora, cuando hacen una presentación, esa es la primera canción que cantan. Tienen miedo de que a otra le hagan lo mismo que a la piba esta. Ellos no te dijeron nada. No sabés bien lo que escuchaste pero por las dudas te atajás. Te dan miedo. ¿Alguna vez el Claudio te pegó?
-¿Y eso qué tiene que ver?
-Imaginate, si te faja el que amás, el desconocido siempre asusta. Yo a estos pibes los conozco. Se juntan para practicar las canciones ahí porque no tienen para la sala de ensayo. Toman cerveza y se fuman algo y no los vi pelear ni una sola vez. Son compañeros. El que más se cruza a comprar es el Pablito, el del short de River. Lo mandan a él porque todavía es pendejito. Dice que va a estudiar para médico para trabajar en la salita para que a la madre la atiendan bien. Es un cago de risa el pendejito. Y después está el otro, el Pilo. El Pilo vende sánguches en la estación. Dice que prefiere eso a tener que viajar colgado del tren todos los días hasta Capital para sentarse en una oficina careta a que lo humillen por dos mangos. Tiene principios el Pilo. ¿De qué querés?
-¿De qué quiero qué?
-El helado, qué va a ser.
-Ah. Medio de chocolate, respondí distraída.
Agarré la bolsa que me dio la Norma y murmuré un gracias. Algo me había quedado haciendo ruido en la cabeza. Estaba como ausente y crucé la calle y cuando pasé junto a los pibes los miré y les dije buenas noches. Buenas noches señora, me dijo el Pilo y los otros lo corearon. El chirrido del portoncito le avisó al Claudio que ya estaba volviendo. Se va a poner contento que le conseguí el helado. Me gusta cuando el Claudio está contento, me trata bien.

lunes, 12 de abril de 2021

El crimen casi perfecto (Roberto Arlt)

 El Crimen casi perfecto Roberto Arlt 

 La coartada de los tres hermanos de la suicida fue verificada. Ellos no habían mentido. El mayor, Juan, permaneció desde las cinco de la tarde hasta las doce de la noche (la señora Stevens se suicidó entre las siete y las diez de la noche) detenido en una comisaría por su participación imprudente en una accidente de tránsito. El segundo hermano, Esteban, se encontraba en el pueblo de Lister desde las seis de la tarde de aquel día hasta las nueve del siguiente, y, en cuanto al tercero, el doctor Pablo, no se había apartado ni un momento del laboratorio de análisis de leche de la Erpa Cía., donde estaba adjunto a la sección de dosificación de mantecas en las cremas. Lo más curioso del caso es que aquel día los tres hermanos almorzaron con la suicida para festejar su cumpleaños, y ella, a su vez, en ningún momento dejó de traslucir su intención funesta. Comieron todos alegremente; luego, a las dos de la tarde, los hombres se retiraron. Sus declaraciones coincidían en un todo con las de la antigua doméstica que servía hacía muchos años a la señora Stevens. Esta mujer, que dormía afuera del departamento, a las siete de la tarde se retiró a su casa. La última orden que recibió de la señora Stevens fue que le enviara por el portero un diario de la tarde. La criada se marchó; a las siete y diez el portero le entregó a la señora Stevens el diario pedido y el proceso de acción que ésta siguió antes de matarse se presume lógicamente así: la propietaria revisó las adiciones en las libretas donde llevaba anotadas las entradas y salidas de su contabilidad doméstica, porque las libretas se encontraban sobre la mesa del comedor con algunos gastos del día subrayados; luego se sirvió un vaso de agua con whisky, y en esta mezcla arrojó aproximadamente medio gramo de cianuro de potasio. A continuación se puso a leer el diario, bebió el veneno, y al sentirse morir trató de ponerse de pie y cayó sobre la alfombra. El periódico fue hallado entre sus dedos tremendamente contraídos. Tal era la primera hipótesis que se desprendía del conjunto de cosas ordenadas pacíficamente en el interior del departamento pero, como se puede apreciar, este proceso de suicidio está cargado de absurdos psicológicos. Ninguno de los funcionarios que intervinimos en la investigación podíamos aceptar congruentemente que la señora Stevens se hubiese suicidado. Sin embargo, únicamente la Stevens podía haber echado el cianuro en el vaso. El whisky no contenía veneno. El agua que se agregó al whisky también era pura. Podía presumirse que el veneno había sido depositado en el fondo o las paredes de la copa, pero el vaso utilizado por la suicida había sido retirado de un anaquel donde se hallaba una docena de vasos del mismo estilo; de manera que el presunto asesino no podía saber si la Stevens iba a utilizar éste o aquél. La oficina policial de química nos informó que ninguno de los vasos contenía veneno adherido a sus paredes. El asunto no era fácil. Las primeras pruebas, pruebas mecánicas como las llamaba yo, nos inclinaban a aceptar que la viuda se había quitado la vida por su propia mano, pero la evidencia de que ella estaba distraída leyendo un periódico cuando la sorprendió la muerte transformaba en disparatada la prueba mecánica del suicidio. Tal era la situación técnica del caso cuando yo fui designado por mis superiores para continuar ocupándome de él. En cuanto a los informes de nuestro gabinete de análisis, no cabían dudas. Únicamente en el vaso, donde la señora Stevens había bebido, se encontraba veneno. El agua y el whisky de las botellas eran completamente inofensivos. Por otra parte, la declaración del portero era terminante; nadie había visitado a la señora Stevens después que él le alcanzó el periódico; de manera que si yo, después de algunas investigaciones superficiales, hubiera cerrado el sumario informando de un suicidio comprobado, mis superiores no hubiesen podido objetar palabra. Sin embargo, para mí cerrar el sumario significaba confesarme fracasado. La 2 señora Stevens había sido asesinada, y había un indicio que lo comprobaba: ¿dónde se hallaba el envase que contenía el veneno antes de que ella lo arrojara en su bebida? Por más que nosotros revisáramos el departamento, no nos fue posible descubrir la caja, el sobre o el frasco que contuvo el tóxico. Aquel indicio resultaba extraordinariamente sugestivo. Además había otro: los hermanos de la muerta eran tres bribones. Los tres, en menos de diez años, habían despilfarrado los bienes que heredaron de sus padres. Actualmente sus medios de vida no eran del todo satisfactorios. Juan trabajaba como ayudante de un procurador especializado en divorcios. Su conducta resultó más de una vez sospechosa y lindante con la presunción de un chantaje. Esteban era corredor de seguros y había asegurado a su hermana en una gruesa suma a su favor; en cuanto a Pablo, trabajaba de veterinario, pero estaba descalificado por la Justicia e inhabilitado para ejercer su profesión, convicto de haber dopado caballos. Para no morirse de hambre ingresó en la industria lechera, se ocupaba de los análisis. Tales eran los hermanos de la señora Stevens. En cuanto a ésta, había enviudado tres veces. El día del “suicidio” cumplió 68 años; pero era una mujer extraordinariamente conservada, gruesa, robusta, enérgica, con el cabello totalmente renegrido. Podía aspirar a casarse una cuarta vez y manejaba su casa alegremente y con puño duro. Aficionada a los placeres de la mesa, su despensa estaba provista de vinos y comestibles, y no cabe duda de que sin aquel “accidente” la viuda hubiera vivido cien años. Suponer que una mujer de ese carácter era capaz de suicidarse, es desconocer la naturaleza humana. Su muerte beneficiaba a cada uno de los tres hermanos con doscientos treinta mil pesos. La criada de la muerta era una mujer casi estúpida, y utilizada por aquélla en las labores groseras de la casa. Ahora estaba prácticamente aterrorizada al verse engranada en un procedimiento judicial. El cadáver fue descubierto por el portero y la sirvienta a las siete de la mañana, hora en que ésta, no pudiendo abrir la puerta porque las hojas estaban aseguradas por dentro con cadenas de acero, llamó en su auxilio al encargado de la casa. A las once de la mañana, como creo haber dicho anteriormente, estaban en nuestro poder los informes del laboratorio de análisis, a las tres de la tarde abandonaba yo la habitación donde quedaba detenida la sirvienta, con una idea brincando en mi imaginación: ¿y si alguien había entrado en el departamento de la viuda rompiendo un vidrio de la ventana y colocando otro después que volcó el veneno en el vaso? Era una fantasía de novela policial, pero convenía verificar la hipótesis. Salí decepcionado del departamento. Mi conjetura era absolutamente disparatada: la masilla solidificada no revelaba mudanza alguna. Eché a caminar sin prisa. El “suicidio” de la señora Stevens me preocupaba (diré una enormidad) no policialmente, sino deportivamente. Yo estaba en presencia de un asesino sagacísimo, posiblemente uno de los tres hermanos que había utilizado un recurso simple y complicado, pero imposible de presumir en la nitidez de aquel vacío. Absorbido en mis cavilaciones, entré en un café, y tan identificado estaba en mis conjeturas, que yo, que nunca bebo bebidas alcohólicas, automáticamente pedí un whisky. ¿Cuánto tiempo permaneció el whisky servido frente a mis ojos? No lo sé; pero de pronto mis ojos vieron el vaso de whisky, la garrafa de agua y un plato con trozos de hielo. Atónito quedé mirando el conjunto aquel. De pronto una idea alumbró mi curiosidad, llamé al camarero, le pagué la bebida que no había tomado, subí apresuradamente a un automóvil y me dirigí a la casa de la sirvienta. Una hipótesis daba grandes saltos en mi cerebro. Entré en la habitación donde estaba detenida, me senté frente a ella y le dije: 3 - Míreme bien y fíjese en lo que me va a contestar: la señora Stevens, ¿tomaba el whisky con hielo o sin hielo? -Con hielo, señor. -¿Dónde compraba el hielo? - No lo compraba, señor. En casa había una heladera pequeña que lo fabricaba en pancitos. – Y la criada casi iluminada prosiguió, a pesar de su estupidez.- Ahora que me acuerdo, la heladera, hasta ayer, que vino el señor Pablo, estaba descompuesta. Él se encargó de arreglarla en un momento. Una hora después nos encontrábamos en el departamento de la suicida con el químico de nuestra oficina de análisis, el técnico retiró el agua que se encontraba en el depósito congelador de la heladera y varios pancitos de hielo. El químico inició la operación destinada a revelar la presencia del tóxico, y a los pocos minutos pudo manifestarnos: - El agua está envenenada y los panes de este hielo están fabricados con agua envenenada. Nos miramos jubilosamente. El misterio estaba desentrañado. Ahora era un juego reconstruir el crimen. El doctor Pablo, al reparar el fusible de la heladera (defecto que localizó el técnico) arrojó en el depósito congelador una cantidad de cianuro disuelto. Después, ignorante de lo que aguardaba, la señora Stevens preparó un whisky; del depósito retiró un pancito de hielo (lo cual explicaba que el plato con hielo disuelto se encontrara sobre la mesa), el cual, al desleírse en el alcohol, lo envenenó poderosamente debido a su alta concentración. Sin imaginarse que la muerte la aguardaba en su vicio, la señora Stevens se puso a leer el periódico, hasta que juzgando el whisky suficientemente enfriado, bebió un sorbo. Los efectos no se hicieron esperar. No quedaba sino ir en busca del veterinario. Inútilmente lo aguardamos en su casa. Ignoraban dónde se encontraba. Del laboratorio donde trabajaba nos informaron que llegaría a las diez de la noche. A las once, yo, mi superior y el juez nos presentamos en el laboratorio de la Erpa. El doctor Pablo, en cuanto nos vio comparecer en grupo, levantó el brazo como si quisiera anatemizar nuestras investigaciones, abrió la boca y se desplomó inerte junto a la mesa de mármol. Había muerto de un síncope. En su armario se encontraba un frasco de veneno. Fue el asesino más ingenioso que conocí. 

martes, 25 de agosto de 2020

PRONOMBRES

 Cuando hablamos o escribimos sobre un sustantivo, no siempre nombramos a esa persona, animal o cosa, sino que usamos otras palabras que hacen referencia al término nombrado al principio de nuestra conversación o texto, para no repetir tantas veces el nombre o término con que se identifica a la persona, animal o cosa.

El término pronombre significa “en lugar del nombre” y se refiere a las palabras que se usan para sustituir un nombre o sustantivo, por lo que adquiere el significado y funciones del nombre o sustantivo al que sustituye.

Los pronombres varían de acuerdo al género (si es masculino o femenino), el número (si es uno o varios) y la persona (yo, nosotros, tu, él, ellos).

Veamos en el siguiente texto cómo se repite el nombre María Elena, y de qué manera se podría evitar tantas repeticiones utilizando pronombres:

"Mi maestra se llama María Elena. Mi maestra María Elena es muy bonita y muy alegre.  Siempre nos dice que los días favoritos de mi maestra María Elena son los días que está con los niños."

Corrección: 

"Mi maestra se llama María Elena.  ELLA  es muy bonita y muy alegre. Siempre nos dice que SUS días favoritos son los días que está con los niños."

ELLA y SUS serían pronombres, ya que se refieren a María Elena, están en lugar del nombre y evitan repetirlo. 

Veamos otros ejemplos:

"Pedro jugó un partido el sábado. Él marcó dos goles".

En la segunda oración la palabra Él es un pronombre porque sustituye a Pedro.

"Juan va al colegio  Normal 6. Este se encuentra en el bariio de Palermo"

Este es un pronombre, ya que reemplaza a "el colegio Normal 6".

"Afuera hay tres autos estacionados. El azul es el mío" (mío ser refiere a mi auto)

"Son muchos alumnos. A algunos ya los conozco del año pasado" (algunos se refiere a alumnos)

" Patricia es la responsable del sector. Fue quien me llamó por teléfono" (quien se refiere a Patricia).

"Este regalo es para mí" (reemplaza a quien está hablando)

Algunas Clases de Pronombres

ClaseDefinición
PersonalesSustituyen a las personas gramaticales y van delante de los verbos.
Yo, Tú, Él, Ella, Nosotros, Nosotras, Vosotros, Vosotras, Ellos, Ellas.
También pueden aparecer en la forma mí, ti, me, te, le-s, lo-s, la-s
DemostrativosSe refieren a nombres indicando proximidad o lejanía respecto a las personas que hablan y escuchan.
Cercaníaeste, esta, esto, estos, estas.
Distancia mediaese, esa, eso, esos, esas.
Lejaníaaquel, aquella, aquello, aquellos, aquellas.
PosesivosSe refieren a un nombre y además indican si el objeto pertenece a una o varias personas.
Un poseedor: mío, mía, míos, mías; tuyo -a -os -as; suyo -a -os -as.
Varios poseedoresnuestro-a-os-as; vuestro-a-os-as; suyo-a-os-as.
También pueden aparecer como mi-s, su-s, tu-s, nuestro-s, vuestro-s 
IndefinidosSeñalan una cantidad imprecisa de lo nombrado.
Un, uno, una, alguno, alguien, cualquiera, nadie, ninguno, pocos, muchos, escasos, demasiados, bastantes, varios, otros, tantos, tales...
RelativosSe refieren a un nombre ya citado en la oración, sin necesidad de repetirlo.
Que, el cual, la cual, lo cual, los cuales, las cuales, quien, quienes, cuyo, cuya, cuyos, cuyas, donde.


Los siete sonetos medicinales (Almafuerte)

Link para ver la obra completa: 

https://www.biblioteca.org.ar/libros/8750.pdf





viernes, 3 de abril de 2020

La ventana abierta (Saki)

La ventana abierta

Saki

-Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel -dijo con mucho aplomo una señorita de quince años-; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme.
Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto.
-Sé lo que ocurrirá -le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural-: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con nadie y tus nervios estarán peor que nunca debido a la depresión. Por eso te daré cartas de presentación para todas las personas que conocí allá. Algunas, por lo que recuerdo, eran bastante simpáticas.
Framton se preguntó si la señora Sappleton, la dama a quien había entregado una de las cartas de presentación, podía ser clasificada entre las simpáticas.
-¿Conoce a muchas personas aquí? -preguntó la sobrina, cuando consideró que ya había habido entre ellos suficiente comunicación silenciosa.
-Casi nadie -dijo Framton-. Mi hermana estuvo aquí, en la rectoría, hace unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para algunas personas del lugar.
Hizo esta última declaración en un tono que denotaba claramente un sentimiento de pesar.
-Entonces no sabe prácticamente nada acerca de mi tía -prosiguió la aplomada señorita.
-Sólo su nombre y su dirección -admitió el visitante. Se preguntaba si la señora Sappleton estaría casada o sería viuda. Algo indefinido en el ambiente sugería la presencia masculina.
-Su gran tragedia ocurrió hace tres años -dijo la niña-; es decir, después que se fue su hermana.
-¿Su tragedia? -preguntó Framton; en esta apacible campiña las tragedias parecían algo fuera de lugar.
-Usted se preguntará por qué dejamos esa ventana abierta de par en par en una tarde de octubre -dijo la sobrina señalando una gran ventana que daba al jardín.
-Hace bastante calor para esta época del año -dijo Framton- pero ¿qué relación tiene esa ventana con la tragedia?
-Por esa ventana, hace exactamente tres años, su marido y sus dos hermanos menores salieron a cazar por el día. Nunca regresaron. Al atravesar el páramo para llegar al terreno donde solían cazar quedaron atrapados en una ciénaga traicionera. Ocurrió durante ese verano terriblemente lluvioso, sabe, y los terrenos que antes eran firmes de pronto cedían sin que hubiera manera de preverlo. Nunca encontraron sus cuerpos. Eso fue lo peor de todo.
A esta altura del relato la voz de la niña perdió ese tono seguro y se volvió vacilantemente humana.
-Mi pobre tía sigue creyendo que volverán algún día, ellos y el pequeño spaniel que los acompañaba, y que entrarán por la ventana como solían hacerlo. Por tal razón la ventana queda abierta hasta que ya es de noche. Mi pobre y querida tía, cuántas veces me habrá contado cómo salieron, su marido con el impermeable blanco en el brazo, y Ronnie, su hermano menor, cantando como de costumbre “¿Bertie, por qué saltas?”, porque sabía que esa canción la irritaba especialmente. Sabe usted, a veces, en tardes tranquilas como las de hoy, tengo la sensación de que todos ellos volverán a entrar por la ventana…
La niña se estremeció. Fue un alivio para Framton cuando la tía irrumpió en el cuarto pidiendo mil disculpas por haberlo hecho esperar tanto.
-Espero que Vera haya sabido entretenerlo -dijo.
-Me ha contado cosas muy interesantes -respondió Framton.
-Espero que no le moleste la ventana abierta -dijo la señora Sappleton con animación-; mi marido y mis hermanos están cazando y volverán aquí directamente, y siempre suelen entrar por la ventana. No quiero pensar en el estado en que dejarán mis pobres alfombras después de haber andado cazando por la ciénaga. Tan típico de ustedes los hombres ¿no es verdad?
Siguió parloteando alegremente acerca de la caza y de que ya no abundan las aves, y acerca de las perspectivas que había de cazar patos en invierno. Para Framton, todo eso resultaba sencillamente horrible. Hizo un esfuerzo desesperado, pero sólo a medias exitoso, de desviar la conversación a un tema menos repulsivo; se daba cuenta de que su anfitriona no le otorgaba su entera atención, y su mirada se extraviaba constantemente en dirección a la ventana abierta y al jardín. Era por cierto una infortunada coincidencia venir de visita el día del trágico aniversario.
-Los médicos han estado de acuerdo en ordenarme completo reposo. Me han prohibido toda clase de agitación mental y de ejercicios físicos violentos -anunció Framton, que abrigaba la ilusión bastante difundida de suponer que personas totalmente desconocidas y relaciones casuales estaban ávidas de conocer los más íntimos detalles de nuestras dolencias y enfermedades, su causa y su remedio-. Con respecto a la dieta no se ponen de acuerdo.
-¿No? -dijo la señora Sappleton ahogando un bostezo a último momento. Súbitamente su expresión revelaba la atención más viva… pero no estaba dirigida a lo que Framton estaba diciendo.
-¡Por fin llegan! -exclamó-. Justo a tiempo para el té, y parece que se hubieran embarrado hasta los ojos, ¿no es verdad?
Framton se estremeció levemente y se volvió hacia la sobrina con una mirada que intentaba comunicar su compasiva comprensión. La niña tenía puesta la mirada en la ventana abierta y sus ojos brillaban de horror. Presa de un terror desconocido que helaba sus venas, Framton se volvió en su asiento y miró en la misma dirección.
En el oscuro crepúsculo tres figuras atravesaban el jardín y avanzaban hacia la ventana; cada una llevaba bajo el brazo una escopeta y una de ellas soportaba la carga adicional de un abrigo blanco puesto sobre los hombros. Los seguía un fatigado spaniel de color pardo. Silenciosamente se acercaron a la casa, y luego se oyó una voz joven y ronca que cantaba: “¿Dime, Bertie, por qué saltas?”
Framton agarró deprisa su bastón y su sombrero; la puerta de entrada, el sendero de grava y el portón, fueron etapas apenas percibidas de su intempestiva retirada. Un ciclista que iba por el camino tuvo que hacerse a un lado para evitar un choque inminente.
-Aquí estamos, querida -dijo el portador del impermeable blanco entrando por la ventana-: bastante embarrados, pero casi secos. ¿Quién era ese hombre que salió de golpe no bien aparecimos?
-Un hombre rarísimo, un tal señor Nuttel -dijo la señora Sappleton-; no hablaba de otra cosa que de sus enfermedades, y se fue disparado sin despedirse ni pedir disculpas al llegar ustedes. Cualquiera diría que había visto un fantasma.
-Supongo que ha sido a causa del spaniel -dijo tranquilamente la sobrina-; me contó que los perros le producen horror. Una vez lo persiguió una jauría de perros parias hasta un cementerio cerca del Ganges, y tuvo que pasar la noche en una tumba recién cavada, con esas bestias que gruñían y mostraban los colmillos y echaban espuma encima de él. Así cualquiera se vuelve pusilánime.
La fantasía sin previo aviso era su especialidad.
FIN

Cuento fantástico y cuento extraño


Cuentos fantástico, extraño y maravilloso

Empezamos a leer una historia. Estamos cómodos, todo lo que sucede nos es reconocible, el mundo representado es real. De repente sucede algo inexplicable. Entonces dudamos ¿lo que sucede es un sueño, es mágico, en algún momento aparecerá una explicación?
La duda es la característica principal del género fantástico. Mientras esa duda se mantenga, el cuento pertenecerá a ese género. Pero si al final hay una explicación racional para ese suceso o elemento extraño que apareció en el relato, entonces el cuento pertenece al género extraño. Y si, por el contrario, la explicación fuera de carácter mágico, estamos en el género maravilloso.
Pongamos un ejemplo: el relato cuenta que un muchacho está en su casa, con amigos, jugando a las cartas en una mesa. De pronto, la mesa se mueve. Si el cuento terminara allí, es un cuento fantástico. Intentemos otro desarrollo para esta historia: los amigos, asustados, prenden la radio y escuchan que en una ciudad cercana se produjo un terremoto. La explicación es racional, esa es la razón por la que la mesa se movió. El cuento es, entonces, extraño. Comenzó en un mundo real, luego sobrevino un hecho sobrenatural, pero finalmente ese hecho tuvo una explicación racional. Ahora volvamos al momento en que la mesa se mueve. Todos se asustan. De pronto, debajo de cada pata de la mesa, aparece un enanito verde y entre los cuatro se llevan la mesa. En un mundo real no existen enanitos verdes, son característicos de los cuentos de hadas, de mundos distintos con sus propias leyes, donde los animales hablan, hay hadas, monstruos y brujas que hacen hechizos. Nuestro cuento pertenece al género maravilloso.
Resumiendo:
En un mundo real sucede un hecho inexplicable.
Si se mantiene así hasta el final -> género fantástico
Si se resuelve con una explicación racional -> género extraño
Si la explicación pertenece a un mundo con leyes propias -> género maravilloso

miércoles, 25 de marzo de 2020

Modo indicativo, subjuntivo e imperativo

Qué es el modo indicativo - Con ejemplos


Recordemos que la lengua española dispone de tres grandes modos de conjugación, que son el imperativo, el subjuntivo y el indicativo. Cada uno de ellos expresa una intención o interés. En estos casos, el primero se usa para dar órdenes, el segundo para hablar de deseos o intenciones, y el tercero, que aquí nos interesa, para hablar de hechos concretos que han sucedido, sucedieron o sucederán.
Veamos en qué consiste el modo indicativo. 

El modo indicativo: definición sencilla

Según lo define la propia RAE, es decir, la Real Academia de la Lengua Española, es el que enuncia como real lo que expresa el verbo. Evidentemente, es de los más usados a nivel cotidiano, ya que se usa para hablar de las acciones que realizamos.
En ejemplos podemos ver más claro cómo es el modo indicativo. Es el caso de: Yo canto en una orquesta – Tú has hablado con Manuel – Ellos se marcharán dentro de quince minutos.
Podemos observar que todos los verbos están conjugados de forma que expresan acciones concretas, totalmente objetivas. Es decir, no hay orden, y tampoco deseo. Ya sean en tiempo presente, pasado o futuro, se comentan acontecimientos que sucedieron, sucederán o están sucediendo.
Tanto en su conjugación pasada como actual, se expresan acciones que han sucedido o suceden. En el futuro, son acciones, sin embargo, que sucederán, pero son existentes, muy probables, pero no deseos o posibilidades, y tampoco órdenes, como sí hacen los modos subjuntivo e imperativo. Así pues, no son hipotéticas ni irreales.

Imagen: YouTube

Tiempos del modo indicativo

Los tiempos verbales del modo indicativo dispone de diversos tiempos:
  • Presente del modo indicativo: expresa acción que está sucediendo en el mismo momento en que se habla. Juan está viviendo en Pamplona con su hermano.
  • Pretérito perfecto: en este caso, expresa acción que ya ha sido realizada con antelación, es decir, indica un tiempo pasado. Bailé durante toda la noche con la hermana de Yolanda.
  • Pretérito imperfecto del modo indicativo: en este caso, los verbos están indicando una acción pasada, pero real y objetiva. Juan estaba en esa esquina esperando a Paula antes que tú.
  • Futuro del modo indicativo: aquí hablamos de una acción que todavía no ha sucedido, pero que es prácticamente seguro que tendrá lugar próximamente. Puede que no ocurra finalmente, pero lo normal es que sí pase. Paco viajará con Mónica en avión la próxima semana.
Veamos cómo conjugar estos verbos en sus diversos tiempos haciendo uso de ‘jugar’:
  • Presente: yo juego – tú juegas – él/ella juega – nosotros jugamos – vosotros jugáis – ellos juegan.
  • Pretérito perfecto: yo jugué – tú jugaste – él/ella jugó – nosotros jugamos – vosotros jugasteis – ellos jugaron.
  • Pretérito imperfecto: yo jugaba – tú jugabas – él/ella jugaba – nosotros jugábamos – vosotros jugabais – ellos jugaban.
  • Futuro: yo jugaré – tú jugarás – él/ella jugará – nosotros jugaremos – vosotros jugaréis – ellos jugarán.
  • Condicional simple: yo jugaría – tú jugarías – él/ella jugaría – nosotros jugaríamos – vosotros jugaríais – ellos jugarían.

Ejemplos del modo indicativo

Llegados a este punto, es el momento de que conozcas más ejemplos del modo indicativo en diversas oraciones para que aprendas su uso en circunstancias muy variadas:
  • OPINO que no has acertado en absoluto.
  • La entrada para el concierto LLEGÓ la semana pasada.
  • CREO que la dirección que buscas está en otro barrio.
  • Me PARECE que la hermana de María se llama Lucrecia.
  • Aquí ENTERRAMOS el tesoro de los piratas.
  • OBSERVO que no has hecho los deberes tal como te pedí.
  • Esta gente dice que ESTÁ muy enfadada contigo.
  • Paco PIENSA que estoy en la oficina, pero realmente me HE MARCHADO a un partido de baloncesto.
  • Juana VIO absolutamente todo lo que le pasó a Martín.
  • Sonia SUPONE que vamos a tardar tres horas en llegar a Madrid.
  • Considera que el pedido LLEGARÁ mañana sin falta.
  • TARDAREMOS cinco horas en llegar, pero el viaje MERECERÁ la pena.
  • Toda la zona HA QUEDADO absolutamente anegada tras la inundación.
  • Estas mujeres HAN TRABAJADO aquí siempre.
  • ESTAMOS adelantando a un camión demasiado lentos.
  • La película sobre la vida de Gandhi ES la mejor del año.
  • ¿A qué hora ESTAREMOS en la sierra el próximo sábado?
  • PARECE sencillo, pero no lo ES en absoluto.
Qué es el modo indicativo - Con ejemplos - Ejemplos del modo indicativo

domingo, 15 de marzo de 2020

Recursos Argumentativos

Artículo sobre recursos argumentativos.

https://www.lifeder.com/recursos-argumentativos/recursos argumentativos


Los 5 Recursos Argumentativos Más Comunes (con Ejemplos)


Los recursos argumentativos son estrategias de la lingüística que ayudan al emisor a que refuerce su postura sobre un tema determinado. Son recursos empleados dentro de la argumentación.
Por lo general, se tratan temas controvertidos donde se presenta una opinión o hipótesis al respecto, para validar dicha hipótesis y persuadir al receptor.

Los recursos argumentativos son numerosos y suelen emplearse durante el desarrollo de un debate, texto, discurso o cualquier situación donde se intente exponer un tema.
Se encargan de sostener la hipótesis después de haber sido introducida en determinado tema y la reafirman basándose en hechos o evidencias.
La argumentación es empleada a diario en conversaciones, artículos, investigaciones y más, y se vale de los recursos argumentativos para aportar un valor agregado y de peso sobre el tema que se está defendiendo.

Recursos empleados habitualmente en la argumentación y sus ejemplos

Los recursos argumentativos son muchos y su principal función es la de reafirmar la posición de emisor al tomar parte o exponer una tesis.
Pero existen algunos recursos argumentativos que son empleados con más frecuencia que otros, algunos de ellos con sus ejemplos son:

Ejemplificación

La ejemplificación consiste en presentar, demostrar o comprobar una hipótesis a través de ejemplos. Es uno de los recursos argumentativos más empleados.
La ejemplificación ilustra al receptor mediante una serie de premisas en las cuales emplea frases como “por ejemplo”, “tal como”, “como muestra”, “pongo por caso” y más, sustentando así una afirmación o negación.
Ejemplo: “La temperatura cada día va en descenso. Por ejemplo, ayer bajó 2 grados, mientras que hoy ha bajado el doble.” 

Cita de autoridad

Es un recurso que se emplea dentro de un texto, discurso o en cualquier situación lingüística, donde se recurre a la cita de una autoridad o especialista en dicho tema, para apoyar la postura o teoría del emisor con mayor fuerza y darle valor.
Ejemplo:La Organización Mundial para la Salud afirmó que el cáncer de cuello uterino es una de las principales causas de muerte en mujeres.”

Analogía

Este recurso establece el paralelismo o la similitud entre dos elementos que buscan ser relacionados.
Por lo general intenta explicar mediante la relación entre una situación tan o más compleja y abstracta que la que se está defendiendo, para dar validez a lo que se dice. La idea es relacionar un conocimiento desconocido con algo que ya se conoce y se sabe.
Ejemplo: “El juez condena a prisión durante el juicio, tal como si se tratara de Dios.”

Datos estadísticos

Este recurso se encarga de ofrecer información numérica y estadística fiable, que ilustra de manera más sencilla lo que se está afirmando o negando para probar la veracidad de dicha hipótesis.
Ejemplo: “Anualmente más de 1 millón de personas pierde la vida en manos de la delincuencia.”

Generalización

Este recurso emplea el razonamiento inductivo. Considera una gran cantidad de hechos particulares para realizar una comparación o establecer una relación entre ellos. Presenta como idea principal que todo funciona de la misma forma.
Ejemplo: “Ningún criminal es capaz de cambiar su forma de ser. La maldad se encuentra en su interior, todos son iguales.”
Otros recursos argumentativos son apelación a la fama, causa y consecuencia, concesión, reformulación, pregunta retórica, enumeración y refutación.

Referencias

  1. López, Claudia. Recursos explicativos: la ejemplificación. Administración Nacional de Educación Pública. Uruguay- Montevideo. Recuperado de anep.edu.u
  2. Albuquerque Limeira, Eudenise. (2015) Recursos Argumentativos. Globo Comunicação e Participações S.A Recuperado de educacao.globo.com
  3. The Writing Center, University of North Carolina at Chapel Hill. Recuperado de writingcenter.unc.edu
  4. Escuela Pública Digital. Universidad de la Punta. Recursos Argumentativos y Modalizadores. Recuperado de contenidosdigitales.ulp.edu.ar
  5. Learning Centre, University of Sydney (2012) Language Resources for Argument Writing. Recuperado de   sydney.edu.au

"El Marica" de Abelardo Castillo por (Alejandro Apo)

domingo, 8 de diciembre de 2019

Oraciones compuestas por subordinación.


Las oraciones subordinadas son un tipo de oraciones compuestas en las que se establece una relación de dependencia entre un par de oraciones. Por ejemplo: La remera que me regalaste me queda chica. 
En una oración compuesta, siempre existen dos partes: la oración principal, de mayor jerarquía, y la oración secundaria, de menor jerarquía y subordinada a la principal.

Ejemplos de oraciones subordinadas
1.      La película que me recomendaste es muy linda.
2.      La señora, a quien ayudaste, es antipática.
3.      Las sillas que estaban rotas las tiraron a la basura.
4.      Los actores, que habían ensayado todo el día, salieron a saludar.
5.      Juan, quien es mi carpintero, hizo ese mueble.
6.      Tengo la duda de que haya entendido.
7.      La regadera que me prestaste está rota.
8.      Puse la mesa como me dijiste.
9.      Las ventanas, que daban al frente, ya fueron reparadas.
10.  Me encanta que te hayas decidido.
11.  Aclaró que era preferible no confirmar nada.
12.  Los chicos que habían desaprobado rindieron hoy.
13.  Aquella mañana que me había quedado estudiando me rindió mucho.
14.  Ramón, que es mi vecino, regará las plantas mientras esté en Europa.
15.  Mi profesora sabe que no estudiamos suficiente para este examen.
16.  Las sombrillas que estaban abiertas se volaron con el viento.
17.  El pueblo donde nací creció mucho en los últimos años.
18.  La cartera está donde te dije que la había guardado.
19.  Mi auto, que es muy viejo, está roto.
20.  Las novelas que me recomendaron en clase no me atraen.

Oraciones Subordinadas Adjetivas

Pueden ser reemplazadas por adjetivos, y pueden funcionar como:
Aposiciones explicativas. Siempre se escriben entre comas y son las que cumplen la función de ampliar la información sobre algo. Por ejemplo: Los chicos, que estaban en penitencia, se quedaron en su casa. En esta oración se detalla que todos los chicos estaban en penitencia. La aposición amplía la información sobre los chicos, pero la oración no pierde sentido si la aposición se elimina.
Aposiciones especificativas No van entre comas y restringen el significado del adjetivo. Por ejemplo: Los chicos que estaban en penitencia se quedaron en su casa. En este caso se refiere únicamente a los chicos que estaban en penitencia. La aposición determina cuáles fueron los chicos que se quedaron en su casa, por lo que al eliminar la aposición el sentido de la oración se altera.

Pueden ser reemplazadas por adverbios, y pueden funcionar como circunstanciales:
De tiempo Por ejemplo: Fui cuando el médico me lo indicó.
De lugar. Por ejemplo: Lo guarde donde ustedes me pidieron.
De modo Estacioné el auto como me indicaste.

Oraciones Subordinadas Sustantivas

Las oraciones subordinadas sustantivas son proposiciones que funcionan como sustantivos dentro de la oración. Por ejemplo: Sabes que tengo razón. 
Como todas las oraciones subordinadas, son suboraciones que contienen verbos y dependen jerárquicamente de la oración principal.
Las proposiciones subordinadas sustantivas se pueden identificar porque:
Van siempre introducidas por un nexo o por un verbo en infinitivo.
Deben poder ser reemplazadas por un pronombre demostrativo neutro (esto, eso o aquello).
Objeto directo. Por ejemplo: Me dijiste que se había arrepentido.
·         Me avisó que vendría después de las cinco. (objeto directo)
·         Lo importante es compartir momentos con amigos. (sujeto)
·         El que estuvo sentado a tu lado es amigo de mi hermano. (sujeto)